El primero son las espectaculares pinturas murales descubiertas durante los trabajos de restauración. Estas obras habían quedado ocultas bajo capas de revestimientos acumuladas a lo largo de los siglos y muestran escenas religiosas y decoraciones de gran valor histórico.
El segundo: el retablo de la capilla. Una pieza artística vinculada a la tradición religiosa andorrana que ha recuperado buena parte de su esplendor gracias a las tareas de conservación efectuadas durante la reforma.
La recuperación de estos «tesoros» ha convertido la renovada Casa de la Vall en mucho más que un edificio histórico. La reforma permite descubrir una parte esencial de la historia institucional, artística y cultural de Andorra, al mismo tiempo que pone en valor uno de los símbolos más importantes del país y uno de los espacios vinculados al parlamentarismo más antiguos del mundo.
La Casa de la Vall es uno de los edificios más emblemáticos de Andorra y un símbolo de su historia política. Fue construida en el año 1580 por la familia Busquets como una casa solariega fortificada. En el año 1702, el Consell General la adquirió para convertirla en la sede de las instituciones andorranas.
Durante más de 300 años acogió las sesiones del parlamento y buena parte de la actividad administrativa del país. Su importancia va más allá de la arquitectura, ya que está vinculada a una de las tradiciones parlamentarias más antiguas de Europa. El Consell General, creado en el año 1419, es una de las instituciones representativas más antiguas aún en funcionamiento.
En el año 2011, el parlamento se trasladó al nuevo edificio del Consell General. Tras una profunda restauración culminada entre 2025 y 2026, la Casa de la Vall ha recuperado su esplendor original. Actualmente es uno de los monumentos más visitados de Andorra y una pieza clave del patrimonio nacional.