Cada año, con la llegada del buen tiempo, las montañas deAndorra recuperan una de las tradiciones ganaderas más antiguas de los Pirineos: la trashumancia. Se trata del desplazamiento estacional de los rebaños desde los valles hasta los pastos de alta montaña, donde los animales pasan los meses de verano aprovechando la hierba fresca y las temperaturas más suaves.
La trashumancia es mucho más que un simple desplazamiento de ganado.
Esta práctica contribuye también a la conservación del paisaje. El pastoreo ayuda a controlar el crecimiento de la vegetación, mantiene abiertos los prados alpinos, favorece la biodiversidad y reduce la acumulación de materia vegetal, lo que puede disminuir el riesgo de incendios forestales.
La trashumancia forma parte del patrimonio cultural de los Pirineos y sigue teniendo un papel relevante en Andorra, donde la ganadería extensiva contribuye tanto a la gestión sostenible del territorio como a la preservación de oficios y tradiciones ancestrales.
En lugares como Seturia, esta actividad todavía se vive con actos populares que permiten acercarla a la ciudadanía y recordar la importancia que ha tenido históricamente en la vida del Principado.