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Naturaleza
Ovejas atravesando la Massana / E.C.
Ovejas atravesando la Massana. E.C.

Las ovejas 'invaden' Andorra

Redacción
Cada verano, cerca de 1.500 ovejas suben a las montañas andorranas de la Massana para aprovechar los pastos de altura. Durante este recorrido, aproximadamente 300 ejemplares atraviesan el casco urbano, ofreciendo una estampa poco habitual que recuerda a los orígenes agrícolas y ganaderos del país.

Cada año, con la llegada del buen tiempo, las montañas deAndorra recuperan una de las tradiciones ganaderas más antiguas de los Pirineos: la trashumancia. Se trata del desplazamiento estacional de los rebaños desde los valles hasta los pastos de alta montaña, donde los animales pasan los meses de verano aprovechando la hierba fresca y las temperaturas más suaves.

Una de las imágenes más espectaculares de esta práctica se puede ver en la Massana, donde cientos de ovejas atraviesan el centro de la parroquia camino de los prados de montaña. El paso del rebaño por la avenida San Antonio y la avenida del Ravell se ha convertido en una escena muy seguida tanto por los vecinos como por los visitantes, que pueden contemplar de cerca una tradición que todavía sigue viva.
La trashumancia es mucho más que un simple desplazamiento de ganado.
Durante siglos ha sido esencial para la economía de las familias ganaderas andorranas, puesto que permite optimizar los recursos naturales. En verano, los rebaños pastan en los prados de alta montaña, mientras que en invierno vuelven a las zonas más bajas, donde las condiciones climáticas son más favorables.
Ovejas atravesando la Massana / E.C.
Ovejas atravesando la Massana / E.C..

Esta práctica contribuye también a la conservación del paisaje. El pastoreo ayuda a controlar el crecimiento de la vegetación, mantiene abiertos los prados alpinos, favorece la biodiversidad y reduce la acumulación de materia vegetal, lo que puede disminuir el riesgo de incendios forestales.

La trashumancia forma parte del patrimonio cultural de los Pirineos y sigue teniendo un papel relevante en Andorra, donde la ganadería extensiva contribuye tanto a la gestión sostenible del territorio como a la preservación de oficios y tradiciones ancestrales.

En lugares como Seturia, esta actividad todavía se vive con actos populares que permiten acercarla a la ciudadanía y recordar la importancia que ha tenido históricamente en la vida del Principado.

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