Según el Copríncipe francés, este régimen específico es especialmente importante porque permitirá a Andorra regular el ritmo de entrada de nuevos residentes y evitar que la apertura hacia Europa comporte un crecimiento de la población difícil de asumir.
El objetivo, defiende Macron, es preservar la capacidad del país para mantener un crecimiento demográfico bajo control.
La contrapartida será especialmente favorable para los andorranos, que dispondrán de muchas más facilidades de movilidad dentro de la Unión Europea. El acuerdo les permitirá establecerse, trabajar, cursar estudios o jubilarse en los estados miembros sin las restricciones actuales.
Macron destaca precisamente este tratamiento diferenciado como una de las singularidades del acuerdo. El Principado podrá avanzar en su integración económica y social con Europa, pero sin perder la capacidad de determinar su propia política de inmigración y controlar el número de personas que se instalan en el país.