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¿Por qué dos vecinos de un mismo edificio de Andorra pueden pagar 800 y 2.000 euros en alquiler por el mismo tipo de piso?

Cocina de un piso en un anuncio de alquiler / Pisos.ad
Cocina de un piso en un anuncio de alquiler / Pisos.ad.
J.P.
Vivir en el mismo edificio, tener un piso de dimensiones prácticamente idénticas y pagar 1.200 euros de diferencia al mes. Es una realidad del mercado inmobiliario de Andorra, donde dos vecinos pueden tener alquileres radicalmente distintos sin que haya grandes diferencias entre las viviendas. La clave no es tanto el piso como la fecha en la que se firmó el contrato.

La congelación de los alquileres, introducida en 2019, ha provocado que una parte de los residentes sigan pagando importes muy inferiores a los que exige actualmente el mercado. Así, una vivienda de dos habitaciones que se alquiló hace años por 800 euros puede tener hoy un precio de 2.000 o 2.100 euros si vuelve a salir al mercado.

Dos mercados de alquiler dentro del mismo edificio

Esta situación ha creado una división entre los inquilinos que disponen de contratos antiguos protegidos y los que han tenido que buscar vivienda recientemente.

Los primeros mantienen precios relativamente asequibles, mientras que los segundos se enfrentan a un mercado con escasa oferta y precios disparados.

La diferencia puede superar el 150% entre dos viviendas equivalentes. Y no es un fenómeno exclusivo de los pisos de reducidas dimensiones.

En Andorra la Vella, las viviendas de tres habitaciones pueden alcanzar los 2.900 euros mensuales.

La fecha del contrato determina el precio

La situación también genera una paradoja: muchos residentes con contratos antiguos no pueden permitirse cambiar de piso, aunque sus necesidades familiares hayan evolucionado. Abandonar una vivienda protegida significa exponerse a precios que pueden duplicar o triplicar el alquiler anterior.

Habitación en un piso de un portal de alquiler / Pisos.ad
Aquí va el pie de foto.
Para los nuevos residentes y jóvenes que quieren emanciparse, el problema es aún más grave.
Con salarios netos que en muchos casos rondan los 1.550 euros, incluso un estudio de 1.000 euros mensuales puede resultar inasumible.

La futura descongelación de los contratos añade incertidumbre a ese escenario.
El gran interrogante es qué ocurrirá cuando las viviendas protegidas empiecen a adaptarse progresivamente a las nuevas condiciones del mercado.

Andorra convive así con dos mercados de alquiler completamente distintos: el de los que llegaron a tiempo y los que ahora buscan un lugar donde vivir.

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